Tranquila, solo es un ataque de ansiedad

Hola la verdad es que no sé muy bien por dónde empezar.

Me encantaría poder decirte que hay una píldora mágica que puedes tomar y del día a la mañana la ansiedad desaparecerá, pero te estaría mintiendo. Supongo que te haces la misma pregunta que me hice yo mucho tiempo, se puede salir de esto, tendré una vida normal, la respuesta es SI un rotundo y enorme SI. Lo que estás atravesando no es nada fácil, es una especie  de viaje de auto conocimiento. La ansiedad viene a traerte un mensaje es un freno que te obliga a plantearte todo lo que estabas haciendo.

Te explico un poco mi historia. Me llamo Rosa, tengo 27 años y tuve mi primer ataque de ansiedad con 17 años. Estaba con mi primer novio mirando la televisión y de golpe no podía respirar. El corazón me iba a mil por hora y temblaba como una hoja. Fuimos corriendo con mi madre al centro de salud y ahí me dijeron tranquila solo es un ataque de ansiedad. (ATAQUE DE ANSIEDAD, TRANQUILA, en la misma frase). Bueno con mi poca información me mandaron a casa y pasé una de las peores noches de mi vida. Al día siguiente tenía tanto miedo que me volviera a pasar que no salí de casa, y ese día siguiente se convirtió en más de un año. Dejé el instituto, no tenía ningún tipo de vida social, me avergonzaba en lo que me había convertido y mi afán era que nadie notara nada raro en mí. Me pasaba el día auto-observándome, era una obsesión, cualquier pequeña molestia ya era ansiedad. Todo giraba en torno a la ansiedad. Y yo estaba en medio de ese bucle intentando no sentir nada, que todo volviera a ser como antes, una constante lucha agotadora. Una doble lucha, sentía ansiedad eso estaba claro y encima luchaba contra ella constantemente para no sentirla lo que me generaba más tensión y ansiedad. Visto mis pocos avances mi madre casi me obligó a ir a un psicólogo.

La verdad es que no tuve suerte, no me explicó que era lo que me pasaba, y me pedía cosas que para mí eran imposibles (salir sola, ir donde había mucha gente, espacios muy grandes o muy pequeños, comer fuera…) como los avances eran nulos me derivó a un psiquiatra que me recetó unas pastillas. Para mi ese fue un punto de inflexión. No quería tomar pastillas, así que me decidí a empezar a salir. ¿Qué podía ser peor que la cárcel en la que ya vivía? Tuve la inmensa suerte de adoptar una perrita. Todos los días debía sacarla a pasear. Al principio iba al descampado de al lado de mi casa y volvía (como me concentraba mucho en ella ya no estaba tan pendiente de mí). Cada día íbamos un poco más lejos hasta que dábamos la vuelta a la manzana. Y así con todo cada día un poquito. Empecé a trabajar en la empresa familiar. La ansiedad seguía ahí y yo decidí ignorarla cómo si no existiera, cuando venía, me concentraba en millones de cosas para no sentirla. Pero la vida si no acabas los deberes te los vuelve a poner delante. Pasados unos 5 años, todo volvía más o menos a la normalidad. Retomé los estudios, acabé el bachillerato, conocí a mi actual pareja, aunque yo había ciertas situaciones que seguía evitando, comer en restaurantes, salir sola sin mi madre o pareja, ir al cine, sacarme el carnet de conducir, viajar… y seguía  avergonzándome de mi ansiedad. Sólo mi madre conocía por lo que estaba pasando.

Decidí retomar la terapia con otro profesional porque yo sentía que los síntomas seguían ahí y de casualidad encontré a Mireia, le envié un mail muy fatalista y quedamos. Pusimos unas pautas y adelante. Al poco tiempo de esto tuve una recaída, fuimos unos días a Andorra con mi pareja y mis síntomas volvieron y yo los ignoré como hacía siempre y esta vez no se iban. Y se me vino el mundo abajo…pensé que volviendo a mi zona de confort todo volvería a ser como antes pero no. Tuve que explicárselo a mi pareja que por suerte me apoya en todo. Fueron unos meses complicados pero de casualidad leí una cosa que me hizo reflexionar. No podemos salir de la ansiedad como hemos entrado, desde el miedo. Hay que cambiar la perspectiva, hay otro camino, los opuestos al miedo; el amor hacia uno mismo, la confianza, la paz, el no juzgarse, compasión, comprensión, aceptación… Verdad que si se acerca una persona y te comenta que está pasando por un mal momento no vas a ser duro, ni juzgarlo, ni machacarlo…. ¿pues qué haces contigo todos los días? Ten paciencia contigo, valora las cosas que seguro que sabes hacer, no es tu culpa lo que te está pasando, perdónate… No eres débil, quizás has sido fuerte demasiado tiempo. La palabra mágica que necesitas es esta (ACEPTACIÓN). No luches contra tus síntomas, siéntelos, acéptalos. Cada vez que tenía algún síntoma me decía puedes venir voy a sentirte quédate cuánto quieras y el síntoma se iba mucho más rápido. Pero aceptar no es más fácil que luchar, estamos programados para luchar por todo, por ser los mejores, los más guapos, los más sociables…. aceptar algo que parece negativo no es fácil pero sí es liberador. Cuando le cojas el truco verás el cambio y cada vez podrás hacer más cosas y saldrás de esto más fuerte, y después de todo lo que habrás pasado nada podrá contigo. Un tema que a mí me traía loca eran los pensamientos, ese run-run constante en mi cabeza yo pensaba que me estaba volviendo loca, pero sabes esa voz que escuchas en tu cabeza, no eres tú, si no, no podrías escucharla, tu eres el espectador. No te creas todo lo que piensas. A mí me vino muy bien hacer algunos ejercicios de imaginación. Cuando tenía pensamientos negativos recurrentes me imaginaba viéndolos en una pantalla de cine, ájenos a mí. O como nubes en el cielo que flotaban un rato y pasaban de largo. Después de esta recaída decidí interesarme por la meditación, es genial te enseña a poner la mente en calma. Y a sentir tu cuerpo sin juzgarlo. Yo ahora hago una vida normal, no me gusta la palabra normal, yo ahora hago la vida que yo quiero, si no quiero hacer algo no lo hago porque yo no quiero no porque no puedo, y si algo me da miedo voy y lo hago y me demuestro que todas esas cosas que nos imaginamos que pasaran, nunca pasan. Voy a cenar, salgo con mis amigos, voy de vacaciones, ME HE SACADO EL CARNET DE CONDUCIR cosa que me veía totalmente incapaz… me gusta mi vida. Y me quiero más, me conozco y cuando tengo días malos me los permito. Y como dice Mireia la vida no es una línea  recta, todas las personas tengan o no ansiedad tienen altibajos. Espero que este escrito te de fuerzas para recorrer tu propio camino y en cuanto a la agorafobia no se puede aprender a nadar sin tirarse al agua, por mucho que tengamos toda la teoría del mundo si no la ponemos en práctica no cambiará nada. Así que a tirarse al agua.

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